El problema del mal en la actualidad.




Nuestro conocimiento del ser humano es tan parcial y distorsionado que el nazismo
y el bolchevismo nos han dejado perplejos y confusos. Estamos frente al mal y no sólo
ignoramos lo que se halla ante nosotros sino que tampoco tenemos la menor idea de
cómo debemos reaccionar. Y aunque supiéramos responder seguiríamos sin comprender
«cómo ha podido suceder esto».

Con manifiesta ingenuidad un estadista afirma que no tiene «imaginación para el mal». Efectivamente, no tenemosimaginación para el mal porque es el mal el que nos
tiene a nosotros. Unos quieren permanecer ignorantes mientras que otros están identificados
con el mal. Esta es la situación psicológica del mundo actual.

Hay quienes se llaman cristianos y creen que pueden aplastar el mal a voluntad;
otros, en cambio, han sucumbido al mal y ni siquiera pueden ver el bien.
El mal ha terminado convirtiéndose en un poder visible.
La mitad de lahumanidad crece en el seno de una doctrina basada en la especulación
mientras la otra mitad enferma por faltade un mito adecuado a la situación.
El pueblo cristiano ha llegado a un callejón sin salida, la cristiandad
dormita y hace siglos que olvidó revitalizar sus mitos.

Nuestro mito ha enmudecido y ha dejado de dar respuestas a nuestras preguntas.
Como dicen las sagradas escrituras, la culpa no es suya sino exclusivamente nuestra
ya que no sólo hemos dejado de desarrollarlo sino que hemos reprimido todos los
intentos realizados en ese sentido.

La versión original del mito nos ofrece un amplio punto de partida y múltiples
posibilidades de desarrollo. Al mismo Cristo, por ejemplo, se le atribuyen
las siguientes palabras: «Sed astutos como las serpientes y mansos como las paloma s».
Pero ¿para qué se necesita la astucia de las serpientes y qué tiene que ver ésta
con la inocencia de las palomas?
La cristiandad sigue sin contestar a la antigua pregunta gnóstica
«¿De dónde proviene el mal?» y la cauta insinuación de Orígenes de la posible
redención del mal sigue siendo calificada como herética. Hoy nos vemos obligados
a reformular esta pregunta pero seguimos con las manos vacías,
desconcertados y confusos y ni siquiera podemos explicarnos que a pesar de la urgencia
con la que lo precisamos- no existe ningún mito que pueda ayudarnos.

La situación política y los aterradores -por no decir diabólicos- avances de la
ciencia despiertan en nosotros secretos estremecimientos y oscuros presagios.
Pero ignoramos la forma de salir de esta situación y hay muy pocas personas que
crean que la posible solución descanse en el alma del ser humano.
De la misma manera que el Creador es completo también lo es Su criatura, Su hijo.
El concepto de totalidad divina es global y nada puede separarse de El.
No obstante, sin ser conscientes la totalidad se escindió y de esa división se originó
el mundo de la luz y el mundo de las tinieblas. Esta situación, como podemos
advertir en la experiencia de Job o en el ampliamente difundido Libro de Enoch
(pertenecientes al período inmediatamente precristiano) estaba claramente
prefigurada antes incluso de la aparición de Cristo.

El Cristianismo perpetuó posteriormente esta escisión metafísica.
Satán -que en el Antiguo Testamento pertenecía todavía al en torno próximo a Jehová-
constituyó a partir de entonces el polo eterno diametralmente opuesto al mundo divino.
No se le podía extirpar. No debe, por tanto, sorprendemos que ya en los mismos comienzos
del siglo XI apareciera la creencia de que el mundo no era una creación divina sino
diabólica. Esta ha sido la nota predominante que ha caracterizado a la segunda mitad
del eón cristiano, después de que el mito de la caída de los ángeles explicase que eran
esos ángeles caídos los que habían enseñado al hombre el peligroso
conocimiento de la ciencia y del arte.

¿Qué hubieran dicho esos viejos narradores de haber presenciado
el desastre de Hiroshima?

Carl Jung.

Una lección de los estoicos: pensar “positivamente” nunca te llevará al éxito

En el último medio año ciertos medios han prestado una atención especial al estoicismo,
una escuela filosófica con casi 2 mil años de antigüedad cuyos integrantes se preguntaron
qué hace virtuosa a una vida. Personajes en apariencia tan disímiles como
Séneca y el emperador Marco Aurelio fueron algunos de los filósofos más
destacados de esta forma de pensamiento.

Entre otras respuestas los estoicos encontraron que la virtud de la existencia no puede
alcanzarse si se ignora la adversidad propia de la vida, y es posible que, paradójicamente,
por ese motivo la filosofía estoica cause tanta admiración en nuestra época.

En efecto: culturalmente, nuestro presente proviene de un par de décadas en las que
se insistió hasta el exceso en pensar “positivamente”. El llamado “optimismo” se
erigió como una especie de obligación de ser feliz, un imperativo que si ya parecía
sospechoso por sí mismo invitaba aún más al escepticismo por esa evasión
patológica --que lo caracterizó-- de todo lo negativo de la vida.
“No te preocupes: sé feliz”, cantaba Bobby McFerrin a punto de entrar en la
década de los 90, un estribillo que se repitió de otras maneras en muchos otros
ámbitos de la cultura de finales del siglo XX, la época de la “euforia perpetua”
según la caracterizó Pascal Bruckner, cuando se instó a esconder debajode la alfombra
de la vida estados de ánimo como la tristeza, el enojo, la decepción o el fracaso.

Ahora, sin embargo, parece que el mundo está redescubriendo el valor de lo
negativo en la vida, desde una postura que coincide con la de ciertas premisas estoicas.
En especial, parece que después de un par de décadas de vivir en el ensueño de la
inmediatez y la facilidad hay quienes se están dando cuenta de que la vida, después de
todo, no es precisamente un ready-made, que no es posible vivir sin pagar el precio
ni tomar decisiones sin enfrentar las consecuencias de ello, que es mejor aprender
de las adversidades que intentar evadirlas, y otras ideas de ese tipo que ya se
encuentran en la filosofía de los estoicos.

Entre las varias expresiones de esta tendencia destaca la de Ryan Holiday, un joven escritor de trayectoria singular pues, además de ser un colaborador habitual del New York Observer, fue director de marketing de la marca American Apparel. Holiday, además, recientemente publicó The Obstacle is the Way: The Timeless Art of Turning Trials into Triumph, un libro sobre la filosofía de los estoicos proyectada sobre uno de los mayores lastres de la actualidad: la angustia por el éxito.

Como sabemos –si es que nos hemos dado cuenta de ello– en las sociedades contemporáneas vivimos sumergidos en una obsesión por alcanzar el éxito, la cual, aunque sembrada desde fuera, nos la hemos apropiado, al grado de convertirla en un mandato que nos esforzamos por obedecer aunque
ya ni siquiera sabemos quién nos lo impuso.

El problema, sin embargo, es que en el modo de vida auspiciado por el capitalismo dicho éxito nunca se alcanza realmente. Siempre hay más por hacer, más dinero por ganar, más mercancías por consumir, más puestos de trabajo hacia los cuales escalar, etc. Y esa es la fuente de la angustia,
pues el ser humano se encuentra entonces entre una obligación que lo lleva hacia algo
que es por definición inalcanzable y quizá incluso inexistente o imposible.

En este contexto, Holiday retomó el pensamiento de los estoicos para sugerir una posible salida al laberinto pesaroso de esta angustia: encarar la adversidad para encontrar el sentido que tiene dentro de nuestra propia existencia. En otras palabras, tomar cada “fracaso” no como tal sino como un hecho derivado de las circunstancias de nuestra vida, de nuestras decisiones y de nuestras omisiones.

¿Cuál es la ventaja de este cambio de perspectiva respecto de los “fracasos”? Entre otros, que así podemos deshacernos, poco a poco, de un término que proviene desde el exterior y que tiene implicaciones concretas. Fracasar, para muchos, implica sufrimiento, dolor, tristeza, miedo y, por encima de todo esto, inmovilidad. El fracaso paraliza porque se experimenta como algo que no se entiende, en buena medida por el origen mismo de la noción: ¿cómo entender algo que ocurre dentro del marco de nuestra existencia con una categoría tan general concebida en el exterior?

Entender el fracaso como un hecho de nuestra vida nos plantea otro tipo de obligación o, mejor dicho, de responsabilidad, y no para con un sistema o un agente exterior sino simplemente para con nosotros mismos. Abrazar las experiencias adversas como parte de nuestra vida y, en especial, de nuestra formación como personas; discernir qué de esa adversidad podemos resolver y qué escapa a nuestro margen de acción.

Aceptar, como los estoicos, que la vida siempre ha tenido sus adversidades y que ante éstas lo verdaderamente importante es responder a esas circunstancias, hacer algo respecto de nuestra propia existencia.

Inflación psicologica

Ser atrapado por un ánimo exuberante es también ser seducido por
 una imagen interna. Ella lo proyecta a las vertiginosas alturas 
de la inflación y le brinda un espléndido facsímil de la
 felicidad que él legítimamente anhela.



 
 Dicha seducción le costará muy caro más tarde cuando se 
convierte en una depresión que trae al hombre de regreso a la tierra.
 El destino pasa mucho tiempo rescatando al hombre de esta 
depresión o bajándolo de su estado de inflación. Este es el nivel 
terrestre que los antiguos chinos denominaban tao, el camino medio.
 Es allí donde existe el Grial y donde se encuentra la felicidad merecedora 
de tal nombre, No se trata de una especie de lugar promedio de color 
gris o de una zona de compromiso: es el lugar del color verdadero,
 del significado y de la felicidad.
 Se trata nada menos que de la Realidad, 
nuestro auténtico hogar.
-Robert A.Johnson.

Volver a amar: cómo superar la pérdida según el Budismo

“El tiempo es existencia, la existencia es tiempo…
 Todas las cosas existen en nosotros mismos.
Cada cosa, cada ser en todo el universo es tiempo”
Dogen Zenji


El arte de renacer sin apegos según el Budismo zen se llama “impermanencia”.
 Dejar ir, dejar fluir, liberarse de los apegos del mundo, materiales e inmateriales,
 es una de las mayores enseñanzas de esta filosofía oriental. El apego a las cosas y las
 personas es uno de los males modernos más complejos. Nos vemos envueltos 
mil  y un responsabilidades y con una serie de cargas que nos auto imponemos en 
día a día: el trabajo, la escuela, las responsabilidades… y en todo ese mar de cosas 
en el que a ratos sentimos ahogarnos, se suma la imposibilidad de amar.

Como guerreros, nuestra alma saldrá fortalecida si aprendemos
 que para volver amar tenemos que dejar ir.
Especialmente cuando atravesamos por una ruptura amorosa, una separación,
 la muerte de alguien a quien amamos o incluso la pérdida de un trabajo, un hogar,
 es un reto recomponernos. En muchas ocasiones no sabemos cómo superar esa
 pérdida y casi inevitablemente nos amurallamos; recluidos en nuestro mundo interior,
 somos incapaces de sanar si seguimos pensando en que eso que se fue era 
nuestro o nos “pertenecía”.  En realidad, nada nos pertenece, todo es tránsito y, 
como arena, fluye entre nuestras manos. 



El Budismo zen enseña que nada en realidad nos pertenece, la “impermanencia”
 es ese estado mutable de la naturaleza de las cosas en el que sólo fluyen. 
La vida no es un estado rígido y estático, la mutación es en realidad su estado natural,
 todo florece, fecunda y muere. Entender la vida como un tránsito, permite desapegarnos.
 El apego trae sufrimiento justo porque deseamos lo que ya se fue y no volverá, 
o porque tememos a algo que quizá nunca vendrá. Si nos aferramos a nuestras pasiones,
 puede que seamos quemados por el mismo fuego con que nos aferramos a ella.

Observemos, seamos capaces de buscar dentro, no fuera de nosotros, las respuestas
 para sanar el dolor y ser capaces de volver a amar.

Observa: deja el juicio de lado

“Cuando la superficie del agua de la mente está agitada es imposible observar el fondo”.





La mayoría de nuestros pensamientos giran en torno al juicio sobre lo que somos o no somos,
 lo que tenemos o lo que queremos. Así se nos ha enseñado a pensar y a medir lo que
 tenemos por cánones como el éxito o la riqueza. Cuando dejamos de desear y
 observamos las cosas si juicio, podemos vivir en armonía con nosotros mismos,
 las formas son a veces un impedimento para poder observar lo que realmente somos,
 esa luz que brilla en nuestro interior.

Volver a amar a otros y a nosotros, puede ser más sencillo si aprendemos a sentarnos
 en calma y centrar nuestra atención en observar las cosas como son, sin tormentos ni juicios.

Deja el apego: aprende a salir del bosque de la ilusión

“Comprenda que aunque usted esté practicando zazen en el mundo de las Ilusiones,
 la Iluminación reside ahí mismo”.



El apego es el miedo a la pérdida, pero si nada nos pertenece, ¿a qué podríamos temer? 
Nos creemos dueños no sólo de las cosas materiales sino de las personas, relaciones,
 amigos y dinámicas. La ley del desapego nos indica, al contrario que en Occidente,
 que la renuncia a nuestros deseos, “metas” y las admitimos como un juego de ilusione,
 el mundo se transforma y nuestra actitud es mucho más relajada.
 Lo que se fue no volverá, lo que viene no lo sabemos.

Desapegarnos y comprender que sólo estamos de paso, nos ayudará a dejar de temer 
y a mirar el mundo con la serenidad de un lago imperturbable.

Desenmascara tu ego: aprende de tu maestro interior

“Aprender el camino de Buda es aprender el respeto de sí mismo”.



Cuando hemos pasado por una crisis, las emociones negativas nos dominan: culpa,
 tristeza, melancolía. Nos apegamos al ego y optamos por sobrevalorarnos o despreciar 
nuestras acciones. El ego nos lleva al miedo, al egoísmo y a juegos de poder debido a
 que nos sitúa por encima o por debajo de los demás. Dejar de darnos excesiva
 importancia es una de las enseñanzas del Budismo, que comprende que todos los seres
 estamos en equilibrio en el universo, en el mismo plano.

Libera tus miedos, perdona tus errores

“Comprenda que, en esta vida, usted sólo tiene una vida, no dos o tres”.

Una ruptura, una pérdida pueden ser una oportunidad para ver más allá de nuestros
 ritmos cotidianos, aquello realmente es esencial,  pese a los cambios, la vida
 permanece. Sólo miremos a nuestro alrededor y nos daremos cuenta de que la 
vida continúa; del ritmo de las estaciones; del sonido de las hojas al viento; del tiempo
 del mundo y todo sigue. Perdonarte y dejar ir te liberará para vivir por lo que eres 
aquí  y ahora y por lo que puedes hacer en el presente.

Sana el pasado, fluye con el presente

“Cuando lave el arroz, separe toda la arena que encuentre.
 Al hacerlo, no desperdicie ni siquiera un grano de arroz.
 Mirando el arroz, vea también la arena. Mirando la arena, vea también el arroz”.




Esta frase de Dogen Zenji nos recuerda que la forma de sanar es lavar
 nuestros males, sin desperdiciar incluso nuestros dolores.
Lo que se va de tu vida te acompañará siempre, porque las experiencias y los recuerdos 
son materia que ya vive dentro de ti. No te apegues a lo que fue ni pidas que vuelva,
 mejor obsérvalo: agradece lo bueno y aprende de lo malo. Sólo así te liberarás 
de ello como una carga y te permitirás fluir en tu presente y lograr el equilibrio 
emocional: no todo es blanco, no todo es negro.


Nacimiento y muerte son sólo tránsitos

“Apenas comprenda que nacimiento-y-muerte son, en sí mismos, el Nirvana
 – no existe nacimiento-y-muerte a ser desechado, ni Nirvana a ser deseado”.
El Dogen Zenji, que llevó el Budismo a Japón lo explicaba de esta manera.
 Nuestro nacimiento sólo nos da una una certeza: moriremos. 
Podemos interpretar además que todo lo que nace, todo ser vivo, toda
 relación incluso esta destinada a morir; a la vez que todo son ciclos.

Practica en lo cotidiano

“Los poderes milagrosos de los budistas son sus acciones cotidianas de tomar té 
y comer arroz. Todos los Budas practican esos milagros continuamente”.


Solamente con la puesta en práctica de estos principios puedes ir superando tus miedos
 y dificultades. Salir de un estado de crisis o tristeza, de la culpa y el miedo,  es una
 labor diaria y disciplinada. La práctica es la mejor manera de desembarazarnos 
de nuestro ego, de nuestros apegos, de observar nuestra impermanencia.

Volver a amar a otro ser, sólo es posible si volvemos a amar la vida, alimentando en el
 día a día, en los pequeños detalles todo aquello que fortalezca nuestro espíritu. 
  Liberarte del dolor puede ser una posibilidad de abrirte a la experiencia de volver
 a amarte y con el corazón abierto como flor de loto, poder amar a los demás.  






La Noche Oscura del Alma: la metamorfosis de la oruga a mariposa

En el desarrollo personal y espiritual de todo ser humano
existe un proceso al que se le llama

‘La Noche Oscura del Alma’.


Muchas han sido las disciplinas que han tratado esta ‘fase’ en la que posiblemente cada uno de nosotros encontramos, o nos encontraremos al menos una vez en la vida.Técnicamente
 la podríamos definir comouna constante cíclica’.
¿Los motivos? Desde el duelo, guardado y vivido por una pérdida personal, un ser
 querido, o un trabajo; pasando por una crisis de valores o existencial, separaciones,
 un cambio de vida y dirección, el apartarse de las dinámicas familiares,
 o una rotura de las estructuras que hasta ese día funcionaban y ahora ya no…

Esas vivencias dan lugar a una crisis de mayor o menor magnitud, que deriva en un
 encontrarse pérdido y sin respuesta de la vida, sin mecanismos para generar nada.
 Parece que de golpe todo se apagó, nace una sensación de estar solo, sin guía
personal ni trascendente, caen los valores, uno siente que ya nadie cree en él.

Como todo en la vida, está puesto ahí por una razón. Y estas crisis, con su magnitud,
 también tienen su motivo de ser. Lo importante es conocer que se está en ellas y sabe
r de qué manera uno puede sostenerse en la tormenta, más allá de pensar en lo
que va encontrar cuando llegue la calma.

En Psicología Transpersonal definimos ‘El Alma’ como aquél conjunto de
acumuladas que son personales, intransferibles, y que nos definen como
 seres únicos e independientes a nuestro entorno. Diríamos que el alma nos brinda unas
 cualidades innatas que sólo nosotros poseemos y son el resultado de nuestro aprendizaje.

Además en ella reside nuestro concepto de la ética, las normas de funcionamiento
 de tipo universal (no comprendidas por las leyes humanas -la moral-), la empatía,
la compasión, la justícia.

The Accolade (1901), de Edmund Blair Leighton.
Arquetipo de el Alma dotando de poder a la Personalidad
¿Entienden ahora porqué a alguien sin ética -aunque tenga moral-, se le llama un ‘desalmado’?
El lenguaje popular es sabio en muchas de sus expresiones.
El alma nos brinda una conexión a nuestro mundo interior, a nuestra individualidad
 como seres. Esa individualidad nos permite conectar hacia adentro con nosotros mismos,
con nuestro propósito en la vida, nuestra dirección, voluntad… quiénes somos y qué
 vinimos a hacer reside en el alma de cada hombre y mujer, así es una cuestión puramente
 personal pues nadie más puede conocerlo con más exactitud que uno mismo.

La fase de ‘noche oscura’ sucede cuando esa conexión ‘aparentemente’ se pierde.
 Esta desconexión puede venir por una decisión personal, consciente, de dar un giro
a su vida y con ello entrar en esta fase de oscuridad, o bien por un suceso que cambia
 por completo su realidad y le obliga a redefinirse.

Imaginemos que por un momento esa estructura sobre la cual usted se sostiene en su
 día a día y que está formada por creencias, formas de trabajar, formas de relacionarse,
 su propia ética, el lugar de donde usted saca su escala de valores, su dirección en la vida,
su motivo de vivir… desaparece.
Y con ello, toda acción sobre el mundo exterior deja de funcionar como lo hacía.
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Naturalmente, usted intenta que vuelva a funcionar… pero no lo hace.


El proceso de ‘noche oscura’, con esa desconexión, nos está describiendo lo siguiente:
 acontece en nosotros un enfrentamiento con nuestra propia sombra.
 Lugares de nuestra psique que, por simple evolución, deben ser desechadas
 por inservibles. A menudo se necesita primero ser consciente, para luego deshacerse
 de ellas. Aunque más bien no es un ‘deshacerse’ sino un ‘traer a la luz’.
 Se iluminan zonas que actuaban sin saberlo y se sustituyen o remiendan
 por otras nuevas que serán más útiles para su futuro.

Cuantos ejemplos tenemos en personajes populares que emergieron en su carrera justo
 después de un proceso así… en ese momento, se les pidió afrontar una situación de
 su vida y se les cayó toda la estructura en la que estaban sujetados. En el tránsito
 hacia la nueva etapa, todo se oscurece.

Emerge una sensación de soledad, de no estar apoyado, ni ser oído, ni ser sustentado.
 La vida no ofrece respuestas como antaño. Si usted meditaba, no llega información.
 Si usted oraba, nadie le escucha. Lo material no ofrece feedback alguno.
 Lo personal, parece desencajado pues sus semejantes no le entienden.

Es realmente un proceso único y personal, un tránsito por el desierto y nadie puede
 imaginar la sed que usted tiene. Le pueden ver como a un loco, como a un descentrado,
‘nos abandonaste’, ‘lo hiciste mal’, ‘¿qué estás haciendo con tu vida?’… son frases que
 usted oirá.Y aquí entramos en materia: un proceso de ‘noche oscura’ pide inevitablemente
 un ‘Acto de Fe’. Confiar en que ese proceso es necesario, e debemos irremediablemente
 rendirse ante sus circunstancias. ‘Rendición’ en tanto en cuanto uno debe vivir la transición
 con sus tiempos y esperar a que el temporal amaine. Entretanto, sobrevivir…

En todos los casos arquetípicos de ‘noche oscura’ aparece la posibilidad de caer
en el otro lado, la vía fácil, que nos puede solucionar la vida pero alejarnos
nuestro propósito original y genuino.

Los Teósofos describieron estos procesos como momentos en que toda conexión
 con el mundo espiritual desaparece, y nuestra única guía debe ser nuestra fe en el proceso. Desaparecen los guías, y debemos confiar en nuestra propia alma como piloto.
Arquetípicamente, el personaje de Job en la Bíblia personifica un episodio de ‘noche oscura’.
 Satanás pacta con Dios para quitarle todo y éste cesa toda comunicación con él, mientras
 el primero le inflinge multitud de desgracias. Él nunca deja de confiar en la resolución
de sus problemas.También Jesús, en sus 40 días de travesía por el desierto, personifica
 esa crisis sin respuesta ni objetivo aparente ni horizontes, y llena de
 tentaciones para salir de ella, que es la ‘noche oscura del alma’.




Literariamente San Juan De La Cruz escribió su poema ‘Noches Oscuras Del Alma’ contándo de forma poética la experiencia de El Alma purgando sus pasiones y pecados, elevádose hacia Dios en medio de la noche y recibiendo una Luz que le facilita el camino hacia la unión de lo que arquetípicamente se llama El Cristo, una energía que le une al todo. 

Estos ejemplos, nos cuentan cómo la persona que vive en esa oscuridad momentánea 
se siente abandonado por todos, por la vida y por las circunstancias.
 Es una destrucción de su estructura, un viaje hacia una consciencia mayor pasando a
 través de un túnel sin luces y sin apariencia de llevar a ningún sitio. 
La clave está en resistir y permanecer. 

No obstante, puntualizemos el final de cada una de ellas
 (siempre en contexto arquetípico, como modelo):
Job, después de innumerables desgracias, recibió el doble de lo que tenía anteriormente.
Jesús ascendió a los cielos y se situó a la derecha del trono de su padre.
Aragorn aprovechó la maldición que su ancestro Isildur lanzó contra los espectros
 para que lucharan a su lado, y así él los liberó de ella.

Es decir, del tránsito por la máxima oscuridad se accede a la luz.
Usando lo que en nuestra oscuridad es una traba, accedemos a una mejor fase en
nuestra existencia.En la naturaleza, me llamó siempre la atención la metamorfosis
 de la oruga a mariposa.La oruga precede a la mariposa.

 Es un estado previo a ella. En su consciencia de oruga, no es capaz de imaginar
 una vida como mariposa y, por ejemplo, como debe ser abandonar el suelo para
desplazarse por el aire o dejar de roer hojas para alimentarse de néctar.
En un momento de su existencia, por trayectoria vital y en Psicología Transpersonal
diríamos que ‘por programa’, se envuelve en una crisálida y, como un acto de fe,
 deja que su propia información interna la transforme.




 

La persona, que estando realmente en la Vía,
 pasa por malos momentos en el mundo, no debe, a causa de ello,
 dirigirse a ese amigo que le ofrece refugio y confort,
 y alienta la supervivencia de su antiguo sí mismo.
 Por el contrario, debe buscar a alguien que, con fe y de forma inexorable,
 le ayude a arriesgarse, para que pueda soportar la dificultad y superarla.

 Solo en la medida en que dicha persona se exponga a sí misma
 una y otra vez a la aniquilación, puede hallar dentro de sí aquello que es indestructible.
 En esta osadía radica la dignidad y el espíritu del verdadero despertar.

 Karlfried von Durkheim
 
Carles Pérez Bueno